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¿AMOR O MIEDO?

 

   Lo que temo, Señor, no es no quererte.

Sí que sea mi amor de tal manera,

que ya no fuera amor, sino que fuera

un querer temeroso de perderte.

   y anochezca mi voz al no tenerte

y me ciegue sin ti. Yo no quisiera

sajar de sopetón mi vida entera

y ver en soledad mi propia muerte.

   ¡No te apartes de mí! La lejanía

desgarra mi esperanza y perdería

memoria de tu Ser, de hallar la puerta

   en donde refugiarme ¡tan cansado!

Así que esperaré. ¡Ven a mi lado

por el alma, Señor! ¡Siempre está abierta!

 

                        (J.L.A.)


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