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¿COMER Y DESCANSAR?

Los discípulos han estado trabajando mucho. Están agotados. Jesús se da cuenta y quiere ir a descansar con ellos a un lugar tranquilo. Pero su propósito es interrumpido por una multitud que se acerca a él porque le necesitan.

Y se acercan a él porque le conocen. No les va a preguntar: ¿Tú eres bueno...? ¿Cuántos años tienes? ¿Eres inteligente o torpe...? No.

Él va a acoger a todos y a curarles porque le necesitan; simplemente  por eso.

Los discípulos están disgustados por esta interrupción de su descanso. Es lógico: han tenido mucho trabajo y, además, no han comido. ¿Cuál es su problema? Ven a los demás como trabajo, como demanda constante, como algo que les roba su tiempo y su bienestar.

Y ¿si eso no fuera así en realidad? ¿Si el verdadero descanso fuera la salida de uno mismo hacia el otro, hacia el servicio y la entrega? Esto es justo lo que pensó Jesús. Y por eso se fue hasta la gente con compasión.

Y ¿para nosotros?

Tú eres muy listo. Te has dado cuenta de que tienes sobrepeso y que eso te cansa. Y te has puesto a dieta. Pero, quizás, no te has puesto a ayunar de lo que verdaderamente te engorda. Porque no te sobran kilos; te sobran todos esos pensamientos negativos, repetitivos, tus tristezas y depresiones, tus gestos y palabras violentas, tu inercia, tu egoísmo y comodidad. Lo que te propongo es lo que se llama ayuno existencial y merece la pena para que no te canses tanto.

La escena acabó, pero no como querían los apóstoles, durmiendo y comiendo, sino ayunando y trabajando.

 

                                    (E.A.)

 

 

 

 

 


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