DOMINGO XIX - CICLO B

Los judíos ven a Jesús un poco creído. Dice que ha descendido del cielo y no es más que un vulgar  carpintero, el hijo de José. También dice que es el Mesías. Pero el Mesías aparecerá, de repente, en las nubes y a éste le hemos visto crecer en su familia.

Jesús sigue insistiendo en su relación única con el Padre. La incredulidad de los judíos no altera este hecho y les repite con insistencia: "El que cree en mí tiene vida eterna".

Y ¿qué supone creer en ti?

Sencillo: confiar y comer mi carne.

El recibir a Jesús como pan no es acogerlo como un gran maestro de moralidad o ejemplo a imitar. Es aceptar un máximo acto de amor realizado por una humanidad alejada de Dios. Esta máxima entrega de Jesús tiene el poder de atraer, de tirar de todos los hombres hacia Dios. 

Pero, en esta palabra "atraer", va implícita una cierta resistencia a vencer: es la resistencia del hombre al tirón de Jesús. Y él tira y tira de ti en una dirección; y tú tiras y tiras hacia atrás. Y el avance es difícil, a veces.

Esto es precisamente lo que te cansa. No el seguir a Jesús, sino el no seguirle como debe ser. Pero no te desanimes porque el final es la resurrección.

 

                                             (E.A.)


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