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¿POR QUÉ ME ELEGISTE A MÍ?

Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos (Lc 6,12-19).

 

 

Momento crítico para Jesús. Mira a la gente: cuántos están aquí conmigo. Pero ¿estarán verdaderamente interesados en seguirme? Tengo que conseguir doce que se conviertan en verdaderos amigos y colaboradores que me pertenezcan, que quieran vincularse a mí estrechamente.

Es muy difícil. Realmente no conozco muchos de estos hombres; casi solo su nombre. 

¡Qué mala suerte tengo! No veo aquí personas importantes: no veo maestros, ni políticos, ni de la realeza. Veo que, además, predominan los pecadores. Algunos que intuyo  son hermanos, otros pescadores, otros andan entre negocios. Otros son de partidos políticos opuestos. Algunos los veo muy violentos.

Pero tengo que arriesgarme a llamarles aún sabiendo que me pueden fallar.

Podía hacerlo todo solo y evitarme problemas. Pero prefiero cumplir mi misión  con mis amigos y compartir con ellos mi vida.

 

Ahora yo me pregunto: ¿Por qué elegiría el Señor a Judas Iscariote? Francamente, no lo sé. Pero tengo otra pregunta más difícil de contestarme: ¿por qué, Jesús, sabiendo como soy, me eligió a mí?

 

                                             (E.A.)

 

¿Por qué me elegiste a mí?

Ya ves, que no respondo

con un sincero vivir;

que me duermo en los laureles,

que, apenas avanzo un poco,

caigo y me aúpas a ti.

¿Por qué me elegiste, Jesús?

¿Por qué me miraste tú?

 

Me cautivó tu presencia

que en la liturgia viví.

Me atrajiste, Señor, y

no puedo vivir sin ti.

¿Por qué me llamaste?

(Por gracia, lo sé).

Ignoro qué viste en mí.

 

                                    (R.M.)


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Comentarios: 1
  • #1

    Marcela Sandra (viernes, 29 octubre 2021 02:20)

    Bendito seas eternamente Señor ! Aquí estoy dame un corazón fiel y has me digna de ti mi DIOS