¿ESPERAMOS?

La Palabra de Dios quiere venir a la tierra, pero no acertó en su destino. Se le esperaba entre los grandes e importantes del momento, en el Templo de Jerusalén. Pero aterrizó en una especie de hombre raro, sin títulos y que vivía en el desierto. Fue un aterrizaje forzoso; no en la pista que le habían preparado.

Y este hombre empieza, de pronto, a hablarnos de conversión; pero no como cambio de ideas o sentimientos, sino como movimientos, acciones que nos lleven a un cambio de dirección y a meternos en otro camino, el de Dios.

Para este cambio de rumbo tenemos que sacar los rastrillos, las excavadoras, las trituradoras, los tractores. Con gran esfuerzo tenemos que hacer descender montañas y rellenar valles. 

Tienes tanto trabajo que hacer y ¿cómo estás ahí parado? No se te llama a descansar, sino a esforzarte, a trabajar. A ver si eres como esos que les pellizcan hoy y dicen: ¡Ay! Mañana.

Tú, no. A preparar el camino porque llega tu salvación. Que no se te escape.

 

                              (E.A.)


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