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REDENTOR SIN AYUDANTE

Nadie entiende a Jesús: Pilato, líderes políticos, judíos, las personas de su entorno, nosotros... ¿Por qué? Quizás porque encarna un estilo de vida que nos desafía a todos, nos confronta con una verdad diferente a la nuestra y nos molesta. Y deseamos escapar de ella. Y queda ahí la Verdad crucificada.

Pero Jesús se mantiene en su sitio, su amor y confianza no fallan y lanza un grito de victoria: Todo se ha cumplido o, mejor traducido, se ha pagado todo por completo. Jesús ha pagado, en su totalidad, la deuda del pecado. En un momento antes de morir, hay una transacción espiritual impresionante: sobre él se concentra todo el poder del mal y del pecado de cada uno; y él lo asume todo y lo redime.  Tiene que cargar con el pecado y la muerte de todos y transformarse, en la cruz, en el gran pecador, en el enemigo de Dios como nos dice san Pablo.

Y está solo en su misión salvadora. Es el redentor sin ayudante.

Este es el misterio insondable de la expiación: toma a toda la humanidad caída sobre el pecado y la muerte y siente el aplastamiento de este peso. Y siente, además, alejado infinitamente del Padre.

Y ¿qué hace? Sigue ahí. Y se produce una gran explosión de una vida nueva que proviene de un acto de amor concentrado de tal magnitud y energía que hace explotar y venir una vida nueva que sigue en expansión continua. Las fuerzas expansivas del amor de Cristo avanzas superan a las fuerzas regresivas del pecado y del mal.

 

                              (E.A.)

 

 

 

 

 

 

 


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