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JESÚS NOS AYUDA A RESUCITAR

II DOMINGO DE PASCUA

 

Nos causa una enorme sorpresa que Jesús que, acaba de morir, aparezca de pronto vivo ante nosotros y dándonos la paz; una paz que no es para que descansemos o estemos tranquilos sino para movilizarnos. "Como el Padre me envió así también os envío yo" : para esa misión, una fuente de vida nueva el Espíritu Santo

Como a Tomás, Jesús nos ayuda a resucitar porque estamos muy metidos en nuestros sepulcros; sobre todo, el de la negatividad, el miedo y la incredulidad.

Para cada uno de nosotros, hay una fuerza de Resurrección personal. Porque la resurrección no es una fuerza única o anónima, sino que se aplica a cada uno de nosotros, en nuestra situación personal; viene a sanar nuestras heridas aún abiertas para que no sangren más. Y que las viejas heridas, como las de Jesús, queden cubiertas de gloria, transfiguradas y sean motivo de alegría y encuentro con el Señor.

Es curioso: donde estamos heridos, allí es donde Dios se siente como en su casa. Ojalá descubramos hoy de qué muertes personales estamos siendo resucitados.

 

                                      (E.A.)


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