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¿Y MI PLENITUD?

Ha llegado el momento final en la vida de Jesús y quiere dar la última clase a sus discípulos: "Amaos unos a otros como yo os he amado".

Impresiona cómo Jesús simplifica nuestros exámenes de conciencia... Deja una sola cuestión y hasta sencilla que un niño puede responder. 

Lo curioso es que habla de un mandamiento nuevo cuando el Antiguo Testamento ya nos decía de amar al prójimo como a uno mismo. Pero la palabra griega que se utiliza aquí para nuevo se traduce mejor por "fresco, reciente". Indica algo que no está degradado por el paso del tiempo. No es un mandamiento nuevo, sino que se presenta renovado, de forma diferente. Ya no hay que amar al prójimo como a uno mismo, sino más que a uno mismo: dando la vida por él.

Y este amor de entrega  va acompañado para ti y para mí de un matiz de humildad, de máximo respeto a cada hermano, de ausencia de toda forma de violencia ( en tus palabras, gestos y acciones), de toda forma de afirmación y autosuficiencia.

¡Qué difícil esto en el día a día!

Casi siempre sale victorioso tu ego, tu propia voluntad que crece cada vez más.

¡Qué raro que Jesús nos mande algo tan costoso! Mas no es así.

Solo tienes que darte cuenta que un amor así corresponde a tu naturaleza; es lo fundamental para tu realización y plenitud personal. Este precepto corresponde a lo que tú necesitas para ser feliz, aunque te parezca lo contrario.

Por eso, cuando amas, se te dilata el corazón y sientes una inenarrable dulzura.

 

                                 (E.A.)

 

 

 

 

 

 


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