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LA OVEJA PERDIDA

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera» (MT11,25-30).

 

COMENTARIO

Una oveja se pierde. Así nos pasa también a nosotros. Constantemente algo de nosotras se pierde, se desvía de lo que tiene que ser, de su verdadero Ser, de si Imagen. Y deberemos hacer lo mismo que hizo Jesús con la oveja perdida: tomar eso desviado y conducirlo hacia el bien. Ir a por esos pensamientos y sentimientos que no son propios de la vida en Cristo Jesús y volver a "casa" para volver a  celebrar juntos el gozo de la comunión.

Podemos pensar: ya aparecerá la oveja en algún momento, voy a esperar. Te equivocas. Ningún otro animal se desvía con tanta facilidad como la oveja, ninguno hace menos caso al pastor y ninguno es capaz de encontrar el camino de regreso al rebaño.

Curiosamente, cuando una oveja se ha perdido, sigue corriendo en dirección contraria y se aleja cada vez más del rebaño.

Debes realizar el esfuerzo de lo que está perdido en ti, hallarlo y sanarlo. No ser como los fariseos y escribas; ellos creen no tener nada extraviado.

La oveja perdida rompe el corazón del pastor. También la pérdida de tu verdadero ser te produce esa tristeza que, a veces, impregna tu vida y que no sabes muy bien cómo manejar.

 

                                              (E.A.)

 


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