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ACOGER LA LLAMADA DE DIOS

La semana pasada empezamos a hablar de la vocación (el artículo lo podéis leer AQUÍ). El Señor tiene preparado para cada uno de nosotros un camino que nos hará plenamente felices. Lo que pasa que muchas veces no coincide con lo que nosotros teníamos planeado, nos da miedo, no nos vemos capacitados...

 

El ejemplo de la Virgen María nos invita a la confianza en los planes de Dios y en la alegre aceptación de la vocación.

Imagen tomada de: http://www.iglesiaortodoxa.cl/anunciacion.htm
Imagen tomada de: http://www.iglesiaortodoxa.cl/anunciacion.htm

Recordemos la vocación de la joven Virgen María como la describe san Lucas en su Evangelio (1:26-38):

 

“Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. María respondió al ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”. El ángel le respondió: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios”. Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el ángel dejándola se fue.”

 

En diálogo con María

Querida joven María, estas son seguro tus propias palabras, tus recuerdos más íntimos.  Solo tú puedes saber lo que aconteció ese día, es tu evangelio, tú buena nueva y me dirijo a ti, con tu permiso, para acompañarte.

 

Tu vida transcurre con total sencillez, lejos de la atención de los hombres y círculos de poder de tu época; como la mía.

 

El anuncio que recibes es completamente sorprendente, siendo virgen te convertirás en madre, darás a luz un hijo, que traerá la salvación al mundo entero, y su reino no tendrá fin. Me es imposible trasladar tu vocación a mi tiempo y vida, pero desde luego sería algo totalmente excepcional y único.

 

Dios te pide algo muy diferente a lo que anhelas, debes renunciar, traicionar tus expectativas. Así me ocurre a mí muchas veces, querida Madre, recibo llamadas para las que no estoy preparado ni coinciden con mis deseos ni con lo que creo que Dios quiere para mí. 

 

¿Qué contestamos, María?

 

Tú no lo piensas mucho, no le das vueltas a la cabeza como yo, estás dispuesta a vivir todo lo que el amor divino tiene previsto para ti, sea lo que sea. ¡Qué valiente!

 

Niña María, tú sencilla y audaz pregunta: “¿Cómo será esto?”, expresa tu absoluta fe en el poder divino de conciliar tus deseos de virginidad con una maternidad única y excepcional. ¡Ojalá!, yo también solo pregunte ¿cómo?, en vez de ¿por qué a mí?

 

La virginidad, que en principio es un obstáculo natural, resulta ser el contexto concreto y preciso para que el Espíritu Santo realice en ti la vocación a la que estás llamada: “Cree la Virgen en el Cristo que se le anuncia, y la fe le trae a su seno; desciende la fe a su corazón virginal antes que a sus entrañas la fecundidad maternal” (San Agustín, sermón 293).

 

La paradoja parece la forma de actuar de la mano de Dios a lo largo de la Historia de la Salvación y por lo tanto entiendo que también en mi historia personal. Así, la falta de descendencia de Abraham es el contexto que el Espíritu necesita para anunciarle que será el Padre de los creyentes, la tartamudez de Moisés es el contexto para ser elegido líder de su pueblo, la debilidad y arrepentimiento de David es el contexto que el Espíritu precisa para anunciarle que de su descendencia nacerá el Mesías.

 

¿Por qué Dios actúa así, de esta forma tan poco racional? Se me ocurre que quizás para dejar claro que la obra es del Espíritu y no de mis fuerzas ni tampoco, por consiguiente, cuentan mis debilidades y carencias. ¡Qué gran descanso!

 

CONTINUARÁ

 

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e.benedictinas@hotmail.es

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