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SOBRE LAS BIENAVENTURANZAS


¿Os habéis parado a pensar en las bienaventuranzas? Para mí han sido durante mucho tiempo un enigma. No entendía cómo podía ser que Jesús dijera: “feliz el pobre, el manso…, el perseguido…”.

 

Algo he ido aprendiendo y lo quiero compartir con vosotros.

 

¿Qué son las bienaventuranzas? Las bienaventuranzas quieren orientarnos hacia una sobreabundancia, una magnanimidad, hacia la actitud del amante que no calcula, sino que ama.

 

"BIENAVENTURADOS LOS POBRES... PORQUE..." (Mt 5, 3)

 

¿Alaba Jesús a quienes no tienen dinero (los pobres)?. Me temo que no; pues, en la biblia, “no tener” no es meta deseable. Al contrario, se veía la bendición de Dios en la riqueza y el bienestar… que disfrutaba el hombre. Jesús no alaba la pobreza en sí misma. En realidad, es un mal. Pero, si Jesús dice “dichosos los pobres…”, algo hay ahí que debemos “pillar”.

 

Hay una pobreza distinta que se manifiesta en:

  • no querer nada: no se usa a Dios para tener algo para sí
  • no saber nada: simplemente se confía a Dios
  • no tener nada: nada le pertenece; goza, sí, pero de lo que considera que le ha sido prestado.

La pobreza  es un camino para la libertad interior.

 

Y también es una PROMESA para:       

  • quienes no poseen nada y se sienten impotentes ante Dios,
  • quienes tienen la sensación de no poder presentar a Dios ni siquiera  un camino espiritual,
  • quienes se sienten pobres, vacíos, oprimidos…

¿Por qué? Porque, como Jesús les dice, experimentarán la particular cercanía de Dios; y esto transforma su condición necesitada. Ya no se sienten abandonados, sino en sus manos.

 

No han ejercitado la pobreza de espíritu, pues la misma vida les había arrebatado todo. Pero ahora, privados de todo como están, pueden experimentar la promesa de que no están lejos del Reino de Dios y que Dios mismo se dirige a ellas de modo particular.

 

Quien es pobre renuncia a mantener las riendas de todo y a controlarlo todo en su interior. Está abierto al señorío de Dios. Encuentra su verdadero yo allí donde Dios reina en él. La actitud de la pobreza es estar sencillamente presentes, de un modo desinteresado, disfrutar de cada instante, ser agradecidos por lo que existe. Esto basta.

 

Quien  es pobre vive desde una convicción que es también deseo y oración: “Contigo, Señor. Donde sea y como sea; pero contigo, Señor”.

 



"DICHOSOS LOS MANSOS... PORQUE..." (Mt 5, 4).

 

"Dichosos los mansos... porque..." Otra expresión de Jesús que nos deja boquiabiertos porque no es precisamente la mansedumbre la regla por la que nos regimos en nuestras relacioens humanas. ¿No se caracteriza nuestra sociedad por la competitividad donde más vale quien más fuertemente pisa? Es más bien la agresividad y no la amabilidad la virtud codiciada: el jefe de personal busca no un vendedor amable, sino aquel que aborda a los clientes y sabe vender a toda costa.

 

Sin embargo Jesús habla de mansedumbre y pone en cuestión nuestra agresividad. Ésta se da no sólo en las relaciones intepersonales, sino que también tiene lugar con uno mismo. ¿Cómo? De muy distintas maneras: en la aucondena, en la represión de los impulsos, castigándote de mil maneras... Pero, ¡ojo! Cuanto más duramente se condena uno por sus debilidades, más fuerza toman éstas y no dejarán de importunar.

Otro gallo cantaría si esa debilidad insoportable se la mirara no  con ira, sino reconciéndola, sin más: "Sí, es verdad, estás ahí". Esta mirada hacia uno mismo con paz,  con serenidad, te permitirá actuar sobre ella cuando se manifieste, pero no irritándote, sino...

 

Un ejemplo: Yo veo la vida de color negro donde "veo" que me toca lo peor, que no me hacen caso... Me pregunto: ¿la vida es así? ¿lo negativo está rodeándome? En un momento determinado descubro que estoy enferma: tengo depresión.

 

Tomo conciencia de que esa percepción de la vida no es, precisamente, la realidad en sí misma, sino fruto de mi depresión.

 

Ahora empieza el nuevo camino. Cuando me veo asediada por mis sentimientos de angustia..., me digo: así lo percibo yo pues estoy enferma; mas la realidad no es así.

 

Todo cambia. El reconocimiento y acogida de mi debilidad (depresión) me está permitiendo vivir de otro modo: soy  capaz de "aparcarla". Sé que está, pero no me dejo llevar por ella (la domino yo; no me domina ella).

 

No es la dureza, sino la dulzura con uno mismo y con los otros, lo que puede traer efectos positivos.

 

¿Alguien se atrinchera detrás de una dura fachada? Puede seguir haciéndolo tranquilamente, pero yo no lo concedo ningún poder.

 

Confío, más bien, en la eficacia de la ternura que es como el agua que horada la dura piedra.

 



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