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EL OFICIO DIVINO, UNA CELEBRACIÓN FESTIVA Y FAMILIAR PARA TODOS LOS CRISTIANOS

 

 

SOR ERNESTINA y PEDRO ÁLVAREZ TEJERINA

 

EL OFICIO DIVINO, UNA CELEBRACIÓN FESTIVA Y FAMILIAR PARA TODOS LOS CRISTIANOS

 

Prólogo por Fray Alejandro Fernández Barrajón, mercedario

 

© 2019 by Ernestina y Pedro Álvarez Tejerina

© 2019 by Grupo Editorial Fonte

P. del Empecinado, 1; Apdo. 19 - 09080 - Burgos Tfno.: 947 25 60 61; Fax: 947 25 60 62

www.montecarmelo.com www.grupoeditorialfonte.com editorial@grupoeditorialfonte.com

ISBN: 978 - 84 - 8353- 982 - 8

Depósito Legal: BU 326 - 2019

Impresión y encuadernación: Grupo Editorial Fonte - Burgos

Impreso en España. Printed in Spain

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ÍNDICE

     Prólogo

     Presentación

 

PRIMERA PARTE: El oficio Divino

     Introducción a la liturgia .  .  .  .  .

     El Oficio divino  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

     La salmodia  . . . . . . . . . . . . . . . .            

     El sentido de cada Hora del Oficio divino....          

     Sospechas que pesan sobre el Oficio divino....

     Dificultades que surge en la oración litúrgica ...

 

SEGUNDA PARTE: la lectio Divina  .  .  .  .  

     Introducción, la Biblia  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

     La lectio divina .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

     Formas de realizar la lectio divina   .  .  

     Fuerza transformante .  ..  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

     Requisitos y ejemplos   .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .   

 

TERCERA PARTE: Anexos ilustrativos sobre el oficio Divino   .  .  .  .  .  .  . .

     Apotegmas de los Padres del Desierto sobre la Vida Litúrgica  .   .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

     Principios del Oficio divino en la Regla de san Benito  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  . 

     Documentos de los últimos Papas  .  .  .  .

 

CUARTA PARTE: anexos ilustrativos Sobre  la lectio Divina  .  . 

     Pinceladas .  .  .   .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

     Sugerencias y formas de lectio divina  . . . .

 

PRÓLOGO

     CUANDO LA TARDE SE PONE DE RODILLAS

     Dios es el horizonte y la respuesta a todos los interrogantes humanos, que son muchos. Y mere- ce toda alabanza. Por eso la Iglesia, desde siempre, ha sentido la necesidad de postrarse ante Él y alabarle como su Dios y Señor, que se ha hecho carne en Jesucristo.

     Si Él llena el corazón del hombre e ilumina su futuro y sus adentros, es lógico que brote del corazón del hombre la alabanza. Dios es, además, Palabra viva y encarnada en Jesucristo. Nuestro Dios no es un dios mudo, como lo ídolos que tienen boca y no hablan, es un Dios dialogante, cercano y comunicativo.

     La Iglesia se postra cada día en momentos irrenunciables, llenos de luz y preñados de presencia, para entrar en diálogo amoroso y fecundo con Quien es amor y fecundidad. El Oficio divino no es otra cosa que el deseo de palabra y diálogo con el Dios transcendente y, a la vez, cercano en las cosas pequeñas de cada día; ese Dios paradoja y misterio, oxímoron e hipérbole de amor, que nos descoloca y nos emociona en la misma medida. ¡Cuántos momentos de dicha hemos vivido los consagrados y muchos bautizados, en el silencio habitado, cuando el tiempo se detiene y solo un suave olor a incienso es capaz de recordarnos que seguimos en el tiempo y no estamos solos!

     Alabanza y Palabra divina nos envuelven con ternura y nos empujan a una vida más plena don- de habita la serenidad. Porque el Señor siente ternura por sus fieles. Y todo eso no nos deja indiferentes, sino indefensos ante tanta hermosura. Nos posee y nos envuelve y acabamos por sentirnos suyos. “Me sedujiste, Señor y me dejé seducir”. Y esto solo lo entienden los enamorados.

     La hermana Ernestina, monja benedictina, y Pedro, su hermano, después de haber vivido mu- chas y fuertes experiencias de este amor compasivo, con su padre enfermo de Alzheimer, y con su Dios, por su condición de hijos y fieles creyentes, nos presentan ahora este sugerente libro sobre el Oficio divino y la lectio divina, que nos estaba ha- ciendo falta. Porque no basta con alabar a Dios hay que saber por qué oramos. No nos basta con leer e interiorizar la Palabra, hay que saber valorar- la y ponernos en contexto de escucha y de amor reverente. Y este libro nos ayuda a todo esto. Un libro que no debería faltar en ningún lugar donde se alaba a Dios, donde se lee y medita la Palabra para hacerla vida y camino. 

     Alabar, bendecir y entender por qué se alaba  y cómo se alaba es un paso más para acercarnos al Dios de la vida.

     Gracias, amigos Ernestina y Pedro, por este regalo  tan oportuno.

                                                        Fr. Alejandro Fernández Barrajón, mercedario

 

 PRESENTACIÓN

     Nuestro deseo es compartir con ustedes la vivencia en la celebración del Oficio divino por si pudiera hacerles algún bien. Posiblemente encontrarán en esta obra elementos comunes con sus interrogantes y con las respuestas que se hayan podido dar al  respecto.

     Podríamos introducirnos en su comprensión por diversos caminos, su estructura literaria, génesis, los contextos en que surgieron… Sin embargo, hemos preferido decantarnos por la experiencia personal, pero contrastada con el estudio de los autores más cualificados tanto de la tradición monástica como de la actualidad.

     Vamos a dialogar con sor Ernestina Álvarez, monja benedictina del monasterio de Santa María de Carbajal de León, sobre la oración, la Liturgia de la Horas, los Salmos, la Palabra de Dios, la lectio divina, las sospechas de la modernidad que pesan sobre la vida interior, la práctica…

    Siguiendo a san Agustín les advertimos de que estas “ideas” que vamos a ofrecer las podría precisar con mayor diligencia y,  por supuesto,   lo haría mejor cualquier otro que supiera más o fuera más fervoroso, pero, de momento, y para que no se sientan defraudados, vamos a decirles lo que nosotros sentimos.

     Podemos asistir a este coloquio como espectadores o como participantes. A simple vista, es imposible diferenciar estas dos actitudes, pero la disparidad es abismal. El espectador asiste, está dominado por una cierta curiosidad, pero sabe que no le afectará lo que ocurra. Puede experimentar emociones análogas a las del participante, pero es- tos sentimientos carecen de consecuencias para él.

    El hombre que participa adquiere un compro- miso, está en su mano no solo su propio progreso; sino, en cierto modo, el de todos. Es con este ánimo de participar con el que debemos afrontar el acercamiento a la liturgia.

Deben caer en la cuenta de que si leen esta obra es porque desean conocer algo nuevo, no lo saben todo. Aprender supone asimilar una información nueva, implica un cambio de conducta, incluso una modificación en la estructura física del cerebro: conexiones neuronales que se amplían y como consecuencia se modifica su organización funcional. Esto supone saber que nuestra persona es perfeccionable, es capaz de acoger un cambio en su forma de ser y actuar.

     Para aprender es necesaria la motivación, el querer. Es imprescindible que la energía se movilice y dirija en una dirección determinada. Pero también lo es la ejercitación en el nuevo aprendizaje. Esta acción tiene numerosas leyes, pero nos gusta- ría resaltar dos. La ley del ejercicio: cuanto más se practica y se repite lo aprendido más se consolida. Y la ley de la extinción: los aprendizajes que no se realizan en mucho tiempo tienden a perderse.

     ¿Por qué no cambiamos? Porque nos comportamos como meros espectadores de la vida, receptores pasivos de la información. No hacemos el esfuerzo para la construcción de un nuevo conocimiento. Solo se aprende cuando se desea cambiar.

     Quizás ahora no entiendan muy bien el motivo de estas recomendaciones, pero a lo largo de nuestra conversación espero que sí. Ustedes son, en el fondo y si lo desean, nuestros genuinos interlocutores, y esperamos poder resolver algunas de sus interrogantes.

     De nosotros depende el motivarle externa- mente exponiendo la experiencia de forma ame- na y asequible, y eso esperamos. En su corazón se encuentra la motivación interna: querer aprender. Pero no deben olvidar que es imprescindible la realización de una serie de sencillas operaciones: recibir, comprender y practicar.

                                                                      Los autores

 

PRIMERA  PARTE

EL OFICIO DIVINO

INTRODUCCIÓN A LA LITURGIA

 

Sobre la liturgia probablemente se hayan publicado miles de libros y muchos de ellos de gran calidad y erudición, pero lo que más interesa al hombre de hoy es la experiencia. ¿Cómo fue su primer encuentro con ella?

     ¡Umm!, fue hace mucho tiempo, más de treinta años. Sucedió en el monasterio de Santo Do- mingo de Silos.

Previamente, en un curso de la Casa de la Biblia, había conocido a un monje de dicha comunidad. Él me invitó a su monasterio y el 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción, me presenté allí.

     Entré en la Iglesia para el oficio de Vísperas. Yo no sabía qué había que hacer. Abrí un libro grueso que había en el banco, era negro y tenía dentro unas líneas de pentagrama llenas de notas cuadradas que subían y bajaban. Supe después que se llamaba antifonario. 

     Los monjes empezaron a cantar con un tono monótono y yo solo escuchaba y observaba.

     Lo que más me impresionó fue que al terminar la oración, de la que no había comprendido a penas nada, me senté en el banco, estuve unos segundos en silencio, y me dije: “A esto quiero yo dedicar toda mi vida”.

¡Un absurdo!, ¿no?

 

En absoluto, fue un impresionante comienzo. ¿Qué cree que ocurrió esa tarde?

     Quizás un fuerte impacto experiencial que provocó en mí una apertura al Espíritu Santo…

     Sin embargo, es mejor que dejemos eso y nos fijemos en la liturgia. ¡Qué poder tiene! Es una fuerza misteriosa que desborda cualquier acción y expectativa humana y que despertó en mí una vocación monástica.

     El Abad Suger lo expresa emotivamente diciendo que Dios merece lo mejor y por medio de la belleza de la celebración litúrgica, nuestra alma adormecida se eleva a la auténtica belleza y nos ayuda a remontarnos hasta el esplendor del creador.

¿Qué le parece?

 

Produce casi temor, pero estamos avanzando demasiado rápido y seguro que la mayoría no sabemos qué es concretamente la liturgia.

     Me agrada que me lo pregunte, muchas veces preferimos inventarnos los significados de los conceptos antes que confesar nuestra ignorancia.

     Esto me recuerda una anécdota de mis primeros años de estudiante de medicina. Al hacer las historias clínicas a los enfermos nos indicaban que, si era mujer, debíamos interesarnos por la fe- cha de la última menstruación, la menopausia.

     Cuando me encontré con la primera paciente, fielmente intenté seguir esa norma y muy solemnemente me dirigí a ella, una ancianita de pueblo de unos 80 años: “¿Me puede decir cuando tuvo usted la menopausia?”. Y ella, tras unos momentos de deliberación, me respondió: “Creo que nunca he tenido esa  enfermedad”.

 

Es verdad, hermana, hay un dicho que lo expresa: antes mártir que confesor. Preséntenos a la liturgia, sor.

     Empecemos por su etimología e historia que nos ayudarán a entender su significado.

Liturgia viene de una palabra griega “leitourgia”, compuesta de “leitos”, pueblo, y “erg”, servicio, acción, y se usaba para designar una acción en favor del pueblo, una obra pública. Por ejemplo, los encargados de preparar las olimpiadas o el servicio militar. La democracia griega partía de la base de que los ciudadanos no debían procurar solo su bien privado sino, sobre todo, el bien común. En el campo religioso, designaba el culto a los dioses como un oficio realizado por los sacerdotes en beneficio de la comunidad.

En el Antiguo Testamento aparece como el culto público oficial ejecutado por los sacerdotes para Yahveh..............

 

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