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EL MONJE Y LA VIGILANCIA

Buscar a Dios, ¿qué significa? San Benito dice: ”Recordar siempre lo que Dios manda, tener presente la vida eterna, evitar los pecados y vigilar en todo momento para no inclinarnos al mal y resultar unos inútiles”. Para san Benito el inútil es el que está inclinado al mal. (Cuando vemos menguar nuestras fuerzas físicas, psíquicas o mentales, somos útiles). Habla de la atención. El monje no es distraído ni un despistado. Está siempre en una actitud de vigilancia. La esencia del monje es la vigilancia, la escucha y la atención.

 

Los primeros monjes se nos presentan como maestros de vida interior. Era su principal actividad. Al alejarse del mundo y no tener próximas las distracciones exteriores, tienen dentro sus propias obras, sus propios pensamientos… y con ello deciden trabajar.

 

Para conocer dónde tenemos este  centro de atención tenemos que viajar al cuerpo, al cerebro. Está formado por 20.000 - 30.000 millones de neuronas. Y el número de conexiones interneuronales son 100 billones. La atención está localizada en la zona prefrontal del cerebro. San Benito acertó a considerar la atención como una de las funciones principales del ser humano. La última parte del cerebro que se desarrolla es el córtex prefrontal; es el centro donde está la atención.

 

San Benito nos insta a que seamos hombres y mujeres que escuchemos, vigilantes, atentos. Su deseo es crear un entorno, el monasterio, que ayude a superar la distracción y nos centre en lo importante, en lo interior. Él se adelantó a la neurociencia del siglo XXI e intuye que el desarrollo de la capacidad de la atención es imprescindible para el aprendizaje.

 

Otra cosa sobre lo que acierta es algo que se está dando muchísima importancia ahora: el aprendizaje tiene mucho que ver con el divertimiento (clima placentero, agradable). San Benito establece una escuela donde no haya nada gravoso. La tensión… pesa. Lo emocional bloquea y la parte consciente queda anulada. Por esta intuición insiste que el monje debe vigilar sus pensamientos (RB 7, 18). La atención es imprescindible para conocerse a sí mismo y conectar con la vida. Si no hacemos ningún esfuerzo de atención, quedamos atrapados por estímulos según unas reglas físicas de atracción que desvían rápidamente la atención: lo más potente, lo que cambia y lo que me interesa.

 

Rasgos de una persona despistada o distraída:

-      Pierde cosas constantemente. Perdemos cosas no porque no tengamos memoria, sino porque estamos distraídos.

-      Echa a la basura distraídamente cosas: esto lo tiré, esto lo perdí…

-      Olvida responsabilidades.

-      Le queda el pensamiento en blanco.

-      No entiende cosas sencillas (no es que no entienda, está distraída).

-      Se le caen las cosas de la mano.

-      No registra las cosas en las conversaciones (nombres…).

-      No vive en el presente (vive en el pasado o en el futuro).

 

Primer grado de humildad, para san Benito, es mantener siempre la presencia de Dios; es lo importante. Para los monjes y las monjas, es la búsqueda de Dios. Se desarrolla de forma diferente en cada uno muy condicionada por nuestra historia personal. Pero, como lo vivimos en comunidad, hemos de acoger lo diferente y lo atípico. Se realiza mediante la vigilancia. 

 

(sor Ernestina)

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Comentarios: 1
  • #1

    Antoni (domingo, 25 julio 2021 15:03)

    antonimanzanera@gmail.com