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MUJERES QUE CONSAGRARON SU VIDA A DIOS

El 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el templo, se celebra todos los años la Jornada de la Vida Consagrada.

 

Este año pregunté a las hermanas de nuestra Comunidad: "¿Cómo cambió tu vida cuando decidiste consagrarte a Dios?"

 

Compartimos con vosotr@s sus testimonios.


¡Yo no decidí consagrarme al Señor! Es Él quien consagra.

 

“Venía percibiendo de mucho tiempo atrás una presencia muy cercana y amorosa especialmente en tiempos de oración, que no percibía después de otros aconteceres. Esta presencia de hizo más intensa, que ocupó todo el espacio de mi ser. ¡Conocí al Señor! Y simplemente decidí escucharle e irme con Él. Me pareció un camino mejor para una felicidad, creo legítima, que buscaba y deseaba de por vida”.

(sor Raquel, 50 años de profesión monástica)


De forma inesperada. Sentí como una atracción que me llevaba hacia Alguien que me llamaba. Seguí esa invitación que continúo cada día, con mayor ilusión, buscando el rostro de Dios que me llena de paz y felicidad y colma las más profundas aspiraciones de mi vida.

(sor Guillermina, 55 años de profesión monástica) 



El experimentar que ya no me pertenecía, que era del Señor y de una comunidad.

(sor Petri, 20 años de profesión monástica )


 Para mí como si hubiera resuelto todos los problemas de mi vida. Quedando en una paz sin interrogantes.

(sor Araceli, 56 años de profesión monástica)


Dios significa una certeza para mí. Una alianza que Él hace conmigo para siempre, sin merecerlo, sin que haya hecho yo esfuerzos para conquistarle. Dios es alguien que me da consistencia, estabilidad, todo lo que ninguna persona me pudiera dar.

 

La relación con Dios no depende del éxito o de la eficacia mía. Dios no malinterpreta, no da por supuesto ideas, Dios me conoce desde lo profundo, conoce mis debilidades, mis deseos y necesidades, mis capacidades.

 

Desde esta convicción, experiencia, puedo caminar hacia la libertad, así como servir a los demás.

(sor Mónica, 11 años de profesión monástica) 



A lo largo de esta semana podéis esperar más posts con la temática de la Vida Consagrada y más testimonios.


Cambiaron mis planes de futuro, para buscar y gustar las cosas de Dios. Experimenté el verdadero gozo y deseo de estar con Él. Gozo y deseo que perdura hasta el día de hoy con profundo agradecimiento.

(sor María del Carmen, 55 años de profesión monástica)


Lo primero que me llamó la atención fue que empecé a planear mi vida, a establecer mis proyectos no como lo había hecho hasta entonces, según mis intereses y motivaciones, sino intentando descubrir qué era lo que Dios pudiera estar queriendo para mí.  Esto me sorprendió como experiencia nueva en mi vida.

 

 

Otro cambio que recuerdo muy vivamente fue el desinterés que empecé a tener por todo aquello que hasta entonces había sido objeto de mi atención y mi dedicación, trabajo, estudios, deporte, amigos, viajes... Pasaron a un segundo plano frente a la alegría que se me abría con el nuevo camino que deseaba emprender.

 

Finalmente querría recordar los sentimientos. Ante lo que se avecinaba, aparecieron una serie de sentimientos encontrados, aparentemente paradójicos, que convivían alternándose y predominando uno u otro según el momento: miedo y valor, alegría y  tristeza, dudas y certezas,...

(sor Ernestina, 27 años de profesión monástica)



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