· 

PEREGRINO AL INTERIOR DEL CORAZÓN 17

SÉPTIMA ETAPA: AVISO: ¡PELIGROS!

 

 “Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos.

 Sed, pues, prudentes como las serpientes y

 sencillos como las palomas” (Mt 10, 16).

 

 

Una vez que transcurren las primeras etapas y se calma la excitación del comienzo del camino, las sensaciones que priman son las ganas de volver a casa. Valoramos, extraordinariamente, la seguridad y comodidad del punto de partida y nacen las dudas.

 

LAS TENTACIONES DEL CAMINO

           

Los peligros que acechan nuestra decisión de seguir están perfectamente reflejados en el texto evangélico que narra las dificultades que sufre Jesús en el desierto y que le acompañarán hasta el final de la vida.

 

“Y acercándose el tentador, le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes” (Mt 4, 3). Pensamos que es preciso abandonar la búsqueda interior, porque el mundo material así lo requiere, nos urge, necesita toda nuestra energía, manos, corazón e inteligencia y nos decimos: “Ahora convirtamos las piedras en pan, es lo primero; luego ya tendremos tiempo para el resto”, pero ese momento nunca llega.

 

Lo que deberíamos preguntarnos es si para nosotros ese “pan” que vamos a producir lo es todo, nos va saciar, nos hará felices, y si somos sinceros y nos contestamos que no, tendríamos que admitir que no debemos dar a los demás menos de lo que necesitamos nosotros. “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. (Mt 4, 4)

 

Un poco más tarde el diablo lleva a Jesús  “a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna””. (Mt 4, 6)

 

Lo que el diablo le pide a Jesús con esa intervención milagrosa, espectacular e injustificada de Dios, es que elimine la fe, la búsqueda, y nos deje una evidencia palpable: “Los ángeles le recogen en sus manos”. Queda suprimida la “libertad” humana de seguirlo o no. Se acaba la historia de la humanidad, ya está todo hecho, no hay nada que encontrar. Dios es, pero el hombre no tiene su lugar.

 

Sin embargo, al responder Jesús: “No tentarás al Señor tu Dios” (Mt 4, 7), renuncia a este tipo de manifestaciones y nos indica que de la existencia de Dios no vamos a tener nunca una evidencia científica, ya que su naturaleza es más parecida al susurro de una brisa suave que a la de un huracán, temblor o fuego (1Re 19, 12).

 

Al final, el diablo “Le lleva consigo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: “Todo esto te daré si postrándote me adoras”” (Mt 4, 8-9) .

 

En el camino de la liberación no podemos utilizar las armas de la opresión, para vencer al ego no podemos ser egóticos, para salvar al mundo no podemos utilizar el poder y la gloria que son las fuerzas que lo destruyen.

 

El diablo nos quiere engañar y nos insta a que llevemos, para la peregrinación, el mismo equipaje con el que hemos vivido en la esclavitud: la violencia, el dominio, la opresión, la vanagloria, nuestra forma desconsiderada de actuar... No puede ser, para comenzar este nuevo camino debemos cargar nuestra mochila con las mismas actitudes con las que Jesús vivió y venció.

 

En esta ocasión hemos vencido, pero sus voces la vamos a seguir oyendo a lo largo del camino y de la vida y tendremos que decir muchos “nos” a estas sibilinas sugerencias.


Escribir comentario

Comentarios: 0