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PEREGRINO AL INTERIOR DEL CORAZÓN 22

En su libro Peregrino al interior del corazón, sor Ernestina y su hermano Pedro nos animan a la perseverancia en los momentos de una noche oscura cuando tenemos ganas de abandonar la búsqueda, el camino.

 

La última vez terminábamos con la enseñanza de los primeros monjes que recoge después san Ignacio de Loyola en su conocida frase: "En tiempo de crisis no hacer mudanza".

 

Hoy ilustraremos este tema con el ejemplo de Santa Teresita del Niño Jesús.


FIELES A LA LUZ PRIMERA continuación

Más recientemente, Santa Teresita de Lisieux, en el relato de su vida: “Historia de un alma”, nos introduce en la “infancia espiritual”. Se abandona en Dios, ya que  todo tiene un sentido, aún las circunstancias más dramáticas, aún la noche sin luz...

 

Ella, al igual que casi todos nosotros, comenzó su andadura llena de claridad: “Gozaba por entonces de una fe tan viva, tan clara, que el pensamiento del cielo constituía toda mi felicidad...”

 

Pero con el paso del tiempo: “Durante los días gozosos de la pascua Jesús me hizo comprender que hay verdaderamente almas sin fe [...]. Permitió que mi alma se viese invadida por las más densas tinieblas, y que el pensamiento del cielo, tan dulce para mí, no fuese más que un motivo de combate y tormento [...]. Esta prueba no debía durar solo algunos días, algunas semanas, sino que había de prolongarse hasta la hora marcada por Dios, y [...] esa hora no ha sonado todavía”.

 

Es necesario haber caminado en este sombrío túnel para comprender su oscuridad”.

 

Las tinieblas me dicen: “Sueñas con la posesión eterna del Creador de todas estas maravillas. Crees poder salir un día de las brumas que te rodean. ¡Adelante! ¡Adelante! Gózate de la muerte, que te dará, no lo que tú esperas, sino una noche más profunda todavía, la noche de la nada””.

 

Ahora Teresita se encuentra inmersa en una total oscuridad, sin consuelo, con tan solo el recuerdo de la luz que algún día vio y le condujo al monasterio. Si a estas tinieblas añadimos la enfermedad de tuberculosis, que acabará pronto con su vida, y los rigores de la austeridad carmelitana, podremos darnos cuenta de las dificultades por las que pasó.

 

¿Cómo intentará vencer este cúmulo de sensaciones de nada, vacío, sin- sentido de la vocación, inexistencia de Dios?

 

Decide continuar su vida como cuando tenía luz, no dejarse vencer por esas sensaciones: “Aun no gozando de la alegría de la fe, procuro al menos realizar sus obras […]”. Incluso nos relata que incrementará, en esos momentos, la intensidad de sus acciones y profesiones de fe.

 

Teresita no solo utiliza la voluntad, es consciente de la fuerza del enemigo y, a veces, también emplea otras armas: “Sabiendo que batirse en duelo es una cobardía, vuelvo la espalda a mi adversario sin dignarme siquiera mirarle a la cara”.

 

Su director espiritual le aconseja que no se detenga en estas sensaciones, pensamientos.

 

 “No es ya un velo para mí, es un muro que se alza hasta los cielos y cubre el firmamento estrellado. Cuando canto la felicidad del cielo, la eterna posesión de Dios, no experimento alegría alguna, porque canto simplemente lo que quiero creer”.

 

A pesar de estas desalentadoras palabras, nadie de su entorno sospecha que está pasando esa prueba debido a su alegría y receptividad con todas las hermanas.

 

Teresita sigue su “caminito” y ya moribunda nos proporciona un dato revelador de su convivencia con las sombras, de cómo no ha sucumbido a ellas: la paz que siente en su alma.Pero yo no me detengo en ellas ¡Ah, sí, qué tinieblas! Pero siento paz. Entiendo las palabras de Job: “Aunque Dios me matara, seguiría esperando en él”.

 

Teresa no se identifica, sin más, con esos pensamientos nebulosos, ni con esas sensaciones de nada, busca una explicación a lo que le está pasando. Ahonda en sí y encuentra un centro, diferente del mental y sentimental, que le da la firmeza y paz necesaria para seguir su búsqueda, aunque no vea y no sienta.

 

Dios me ha hecho llegar al abandono, me ha tomado en sus brazos y me ha puesto en él. ¡Cuán dichosa soy al verme imperfecta y con tanta necesidad de la misericordia de Dios en el momento de la muerte! Sigo en prueba, pero también en paz”.

 

Si únicamente vivimos en el centro mental, nos esclavizarán los pensamientos y estamos a su merced. Si nos identificamos con los sentimientos, son estos los que nos dominan y nos llevan de un extremo a otro. Por eso es necesario encontrar otro fundamento más profundo y auténtico, que supere los anteriores, y que nos permita seguir a pesar de todo.

 

Este nuevo cimiento lo encuentra Teresa en el total abandono en Dios, en una certeza superior a cualquier percepción. Una apuesta por el sentido de todo lo que la está ocurriendo. A partir de ese centro de paz es capaz de declarar que su sufrimiento no es baldío, que posee un valor para ayudar a muchas personas. Dará un nuevo sentido a su noche oscura, permanecer con los hermanos que no tienen fe, que no han visto nunca la luz de Dios.

 

 La superación, por Teresa, de esta prueba será paradigma para muchos que zozobran en un mar de tinieblas. Ella será su faro para superar la tormenta. Al final, la compasión, el amor a los que están sufriendo su misma situación, le proporciona a Teresita la energía necesaria para seguir hasta el final y no abandonar.

 

 

Y san Benito nos dice:

"De modo que, no apartándonos jamás de Dios, perseverando en su doctrina en el monasterio hasta la muerte, participemos en los sufrimientos de Cristo por la paciencia, para que merezcamos compartir también su reino". 

(Prólogo de la Regla)


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