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PEREGRINO AL INTERIOR DEL CORAZÓN 24

La semana pasada empezamos a leer la segunda parte del libro Peregrino al interior del corazón en que se nos presentan unos amigos que nos pueden ayudar en nuestro camino interior.

 

El primer amigo es la Creación. Precisamente en estos meses de primavera disfrutamos de la explosión de colores, flores...de la nueva vida y nueva fuerza de la naturaleza.


La Creación

 

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo,

y el Espíritu de Dios aleteaba por encima de las aguas (Gn 1,1-2).

 

 

Cuando contemplo el cielo y la tierra, obras de tus manos, me sumerjo en un abismo de asombro y admiración hacia ti, Señor. No puedo dejar de ver la Creación como un despojamiento, una “rotura” de tu Ser, una entrañable manifestación personal tuya. Una salida de ti para “ir hacia...”, impulsado por tu propia naturaleza de amor y relación…

 

 

Si en el principio eras “Uno”,

¿por qué ahora somos tantos?

¿Qué sucedería...-sin testigos-

en ese universo frío, quieto, vacío,

-pleno de ti- presente continuo sin memoria?

 

¡Quién pudiera, en ese tiempo increado,

ponerse en tu lugar, y decidir en la noche,

desde la nada, lo deseado?

 

¿Qué te movería,

desde la inmutable plenitud

a soñar, a dar vida?

 

¿Cómo mudar de la quietud de la unicidad,

a la ciega dinámica del carecer, de originar?

 

¿Un Dios necesitado...?

¡El Absoluto roto!

La idea me aterroriza,

la razón retrocede,

el cuerpo se retuerce,

tu imagen se quiebra

y la probabilidad de creer

en una ciega casualidad, nace.

 

¡No, no estabas solo en el comienzo!

¡No dormitabas en el abismo,

no me formaste de la nada.

Eras creación desde el inicio,

te despojaste de ti,

y te derramaste en el mundo!

 

¡Explosión de luz!

Partículas de infinito,

gotas en las que reflejarte,

moradas del silencio.

 

Desde siempre eres Amor.

¡Un hijo engendrado!

Un destino a compartir,

y el cosmos –tu regalo.

 

 

Te muestras en tu creación, Señor; y, en virtud de ello, ésta pierde su opacidad, su carácter impenetrable, se vuelve traslúcida y nos permite captar el espíritu interior que la mueve.

 

La contemplación de tu universo, incluso de los objetos más sencillos, nos ayuda y da pistas para nuestro conocimiento interior. Si encontramos la dinámica de la creación, avanzamos en el descubrimiento del sentido de nuestra vida.

 

El mundo exterior nos sirve también para liberarnos del, en algunos casos, asfixiante y cerrado espacio interior. Cuando éste se vuelve muy doloroso y es difícil acercarnos a él, podemos hacerlo a nuestro mundo exterior, ya que ambos son reflejo.

 

La visión que mantenemos sobre la sociedad, el trabajo, la familia, la creación, expresan, en gran medida, cómo se siente nuestro ser interior. Nuestra visión de las cosas es, en muchas ocasiones, una proyección, un desahogo, de nuestro enojado yo y resulta de gran ayuda para conocernos.

 

CONTINUARÁ...

 

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