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PEREGRINO AL INTERIOR DEL CORAZÓN 27

Con sor Ernestina y su hermano Pedro Álvarez estamos conociendo amigos que nos pueden ayudar en la peregrinación hacia nuestro ser profundo.

 

Hoy hablaremos del Diario personal. Será una providencia del Señor que este tema llega justo al empezar las vacaciones de verano. Si todavía no tenéis vuestro diario, ¡a lo mejor os animáis! Nos puede ayudar en nuestro crecimiento personal y espiritual.

Diario personal

Pero Jesús, inclinándose,

se puso a escribir con el dedo en la arena...

E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra (Jn 8,7-8).

 

Muchos grandes peregrinos han sido amigos inseparables de sus diarios y nos han dejado el relato pormenorizado de su aventura personal y espiritual.

 

En unos casos, lo han realizado para dar a conocer una misión que consideraban muy especial. Así tenemos el diario del viaje a Asia que realizó el monje trapense Thomas Merton:

15.10.1968El momento del despegue fue extático. El ala, que tenía rocío, quedó de repente cubierta por ríos de sudor frío que corrían hacia atrás. La ventana empezó a llorar, abriendo surcos desiguales de lágrimas. Dejamos la tierra: yo con mantras cristianos y una fuerte sensación de destino, de hallarme al fin de mi verdadero camino después de esperar, de preguntarme y de dar vueltas como un tonto durante años” (Thomas Merton. Diario de Asia. Trotta, Madrid, 2000).

 

En otros, es una actividad casi constante, fruto de una reflexión alimentada por el contacto permanente con muchos jóvenes, como el caso del hermano Roger, prior de Taizé:

27 de abril de 1979. Para nuestra comunidad, tener hermanos de continentes lejanos es, al mismo tiempo, una realización y un comienzo. Es la realización de un signo de universalidad que esperábamos. Más indispensable hoy que ayer, pues sabemos lo arduo que es depositar una semilla de comunión en el corazón de la familia humana. Estos hombres jóvenes, hermanos nuestros, dejan su familia, su país. Salen como Abrahán, que –no sabía a dónde iba-. Realzan un puro acto de fe, más allá de la explicación humana. En sus países, Occidente representa, a menudo, una fuerza temible”. (Hermano Roger. de Taizé. Pasión de una espera. Herder, 1985).

 

Para otros, es abrirse, comunicar su intimidad, dentro de un proceso de crecimiento espiritual como el caso de Carlos Carretto:

Inmaculada de 1954. He salido de Termini a las 20.20. Había muchos queridos amigos que habían venido para saludarme. Es mi pasado, hermoso y grotesco al mismo tiempo. Ahora lo dejo a mis espaldas y me voy al desierto. Tengo que olvidarlo todo...” (Carlos Carretto. Diario Espiritual I. Paulinas 1991).

 

En otros casos, es para enseñar: “Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la arena […]”

 

Plasmar por escrito lo que cruza por la mente, darse un tiempo de reflexión, de respiro ante la avalancha de pensamientos, sentimientos, recuerdos, que inundan diariamente nuestra persona.

 

Contarnos, teniendo a nuestra alma como único interlocutor: ¿qué he hecho hoy?, ¿cómo me siento?, ¿qué pienso?, ¿a quién quiero?, ¿qué hago? Quitarnos la coraza de la vergüenza, del sin sentido y, en la intimidad de nuestra soledad, ver cómo aflora nuestro mundo interior y dejar que nuestra mano, movida por él, se deslice por el papel en total libertad. No juzgar, únicamente plasmar.

 

Contemplar cómo, con el trato frecuente del diario, éste sale de su mutismo, aprende a comunicarse y nosotros a entenderlo. Ya no es la pared en la que desahogarnos, la papelera donde arrojar nuestros recuerdos. Nos muestra si exageramos o no tenemos razón, dónde debemos profundizar más, cuando nos repetimos; también nos aconseja, reprende, rectifica, ayuda. Así, sin oír su voz, aparecen todos sus consejos en nuestro corazón.

 

No es de extrañar que Jesús, en una situación tan crítica como la del juicio a la mujer adúltera, recurriera a escribir, a dejar que se pacificaran sus sentimientos, a profundizar en su corazón y permitir que surgieran la misericordia y la dulzura del perdón.

 

El diario es además un gran buscador, sigue el rastro de cada pensamiento, sentimiento y hasta que no encuentra sus causas últimas no para de indagar. Por ello es un gran dinamizador de la vida espiritual, del crecimiento personal.

Continuará...


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