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PEREGRINO AL INTERIOR DEL CORAZÓN 28

Diario personal - continuación

Dicen que, el primer encuentro con el desnudo papel en blanco, tratando de encerrar en él los recuerdos del día, siempre resulta difícil. Después se convertirá en un tiempo y espacio muy especial y, en muchos casos, en torno a él, girará nuestra vida diaria.

 

Así describe ese momento Etty Hillesum:

Un Domingo, 9 de marzo. ¡Pues bien, vamos a ello! Momento penoso, barrera casi infranqueable para mí: vencer mis reticencias y entregar el fondo de mi corazón a un cándido trozo de papel cuadriculado.

Los pensamientos se encuentran a veces muy claros y muy netos en mi cabeza, y los sentimientos son muy profundos; pero ponerlos por escrito…, sencillamente, es algo que aún no me sale…

Me parece que se trata, esencialmente, de un sentimiento de pudor. Gran inhibición: no me atrevo a abandonarme, a desahogarme libremente; y, sin embargo, tendré que hacerlo, siquiera hacer a la larga algo con mi vida, darle un curso razonable y satisfactorio…

He recibido bastantes dotes intelectuales para poder sondearlo todo, abordarlo todo, recogerlo todo en fórmulas claras. Se me considera superiormente informada de muchos problemas de la vida. Sin embargo, ahí, en el fondo de mí, hay como una bola aglutinada, algo que me retiene con puño de acero, y ni toda mi claridad de pensamiento me impide ser una pobre lerda miedosa.

(Tommasi, W. Etty Hillesum. La inteligencia del corazón. Narcea, Madrid, 2003).

 

Nosotros sentimos, también, esas mismas dificultades como propias, cuando empezamos nuestros diarios. Al principio, no éramos capaces de entrar en el asunto, relatábamos tan solo las cosas más externas, sin analizar las causas, pero aun así el diario se asemejaba a una coctelera, introducíamos distintos elementos y él, después de agitarlos, nos devolvía un sabor diferente en nuestro espíritu.

 

Podemos hacer nuestras las palabras que Etty Hillesum nos confía en su diario del día 8 de abril de 1942:

Tengo algo así como la impresión de hilar un solo y mismo hilo a través de estas páginas. Se trata de algunos momentos de continuidad en mi vida que constituyen mi propia realidad y que, cual un camino ininterrumpido… (¡no sé cómo expresarlo de una manera más precisa!) Está, desde luego, el Evangelio de Mateo, del que leo algunos versículos mañana y noche, y del que a veces cito algunas palabras en este cuaderno.

O mejor: no son ni siquiera mis pobres palabras garrapateadas sobre las líneas azules de este cuaderno, sino la impresión de volver siempre al mismo punto, a partir del cual sigo tejiendo el mismo hilo continuo. Y esta continuidad es la de mi vida. (ibid.)

 

¡Qué mejor ocasión para empezar a cultivar este amigo que el comienzo del Camino de Santiago! Ir anotando, día a día, al final de cada jornada, ese maravilloso proceso que es ir descubriendo el paisaje, los lugares, las personas..., a nosotros mismos, en un caminar contemplativo por las tierras de España que nos conducirá hasta la tumba del apóstol.


 

El quinto grado de humildad consiste en manifestar humildemente al abad los malos pensamientos que vienen al corazón de uno y las faltas cometidas secretamente.

La Sagrada Escritura nos exhorta a ello cuando dice: “Revela al Señor tu camino y espera en él”.

 

Regla de San Benito

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