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PEREGRINO AL INTERIOR DEL CORAZÓN 30

Estamos a punto de terminar el viaje a lo profundo de nuestro ser que realizamos con el libro de sor Ernestina y su hermano Pedro Peregrino al interior del corazón.

 

En el capítulo anterior empezamos a hablar de la Palabra de Dios como un compañero imprescindible de nuestro camino. Ella es la mejor guía. Hoy seguimos con la segunda parte de este tema, y todavía nos espera la parte tercera.

Palabra de Dios - continuación

Dios se manifiesta en la creación­ -revelación natural- y a través de acontecimientos históricos -revelación sobrenatural-. Es en esta última donde se produce una preciosa relación entre el hombre y Dios. Porque éste no se da a conocer a través de ideas, conceptos, planteamientos teológicos..., sino mediante actos concretos, como puede ser la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, el exilio a Babilonia, el nacimiento de Jesús...

 

Estos hechos solo son reveladores en virtud de la interpretación que un hombre o un pueblo entero hacen de ellos mediante la fe. El Éxodo pudo ser visto como casualidad o buena suerte, pero el pueblo judío vio ahí la acción poderosa de Dios salvándoles por puro amor.

 

Lo principal es este deseo de Dios de comunicarse, de entrar en comunión con la criatura. Lo va haciendo progresivamente hasta desvelarse completamente en Jesús de Nazaret. Palabra que recorría Galilea, que, por prados, lagos y aldeas..., nos mostró el rostro auténtico del Padre y llevó hasta cada hombre su amor y su presencia.

 

Pero se necesita un hombre de fe que indague, busque, reflexione, medite..., y, sobre todo, goce del carisma especial de la inspiración que Dios le da. Este don no se debe a méritos propios, es gratuito, y le otorga unas “antenas” especiales que captan algo de lo que Dios está mostrando a todos, pero que él descubre antes que los demás o de forma más perfecta, al ser más receptivo. Podríamos decir que “la inspiración” es el medio que Dios utiliza para hacernos accesible su ser.

 

Este hombre se implica en la tarea con toda su personalidad, su manera de pensar, gustos y aversiones, su experiencia, educación y preparación, ideas y juicios, estilo y expresión.

 

Este profeta, que descubre algo de Dios, no se lo guarda para sí mismo, sino que lo transmite, bien oralmente o por escrito y se forma lo que llamamos la Sagrada Escritura. Sagrada porque se refiere a Dios y está inspirada por el Espíritu Santo y Escritura porque son una serie de libros escritos que, en su conjunto, llamamos Biblia. De esta manera se transmite la experiencia de desvelamiento a todos los hombres para que puedan conocerla.

 

Tenemos, así, dos autores de la Biblia: el Espíritu Santo y el hombre. En este momento, entra en juego un tercer personaje: el intérprete del texto de la Escritura. Somos el resto, nosotros, que necesitamos también la fe, buscar, anhelo por conocer, por descubrir, por rastrear el ser de Dios.

 

Meditando la Palabra percibimos que es verdad, que lo que allí se relata es cierto porque en nuestro interior algo nos dice que Dios es así. Hemos conseguido sintonizar con la emisora del profeta y ahora somos nosotros los que oímos también directamente la voz de Dios. El autor bíblico no ha hecho más que comunicarnos la frecuencia y nosotros le hemos hecho caso y ahora escuchamos por nuestros propios oídos la melodía de Dios.

 

Todo este proceso de revelación se expresa muy acertadamente en el libro del Éxodo. Dios se manifiesta en una zarza que arde sin consumirse. Existe un hombre, Moisés, que se fija en este hecho y se acerca a mirar, intenta comprender por qué no se quema la zarza. A casi todos nosotros nos hubiera pasado desapercibido este fenómeno, posiblemente por la falta de tiempo, y en caso de percibirlo, no nos hubiera preocupado comprenderlo.

 

Moisés actuó diferente y cuando vio el Señor que se estaba acercando se le reveló como un Dios atento al sufrimiento del hombre: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas, me he fijado en sus sufrimientos y voy a bajar a liberarlos” (Ex 3, 1-12).

...CONTINUARÁ...

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