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PEREGRINO AL INTERIOR DEL CORAZÓN 4

Seguimos leyendo el libro Peregrino al interior del corazón, escrito por sor Ernestina, monja benedictina de nuestra Comunidad de León, y su hermano Pedro.

El tema de hoy es muy importante y necesario no sólo para la que quiere ser una auténtica monja sino para cualquier persona que quiera desarrollar su vocación en la vida. Contestarse desde el interior la pregunta sobre nuestra verdadera identidad equivale al construir la casa de nuestra vida sobre roca firme...

¿QUIÉN SOY YO?

 

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? (Lc 9, 20)

 

 

Cuando llegamos al mundo no tenemos nada, solo cincuenta centímetros de ser desnudo, lloroso, gimoteador... Así debemos empezar también este camino, cualquier equipaje que queramos llevar será un lastre para nuestra aventura.

 

Es frecuente encontrarse, en la primera estafeta de correos del Camino a Santiago, muchos peregrinos facturando gran cantidad de cosas inservibles y cuyo peso a sus espaldas truncaría el propósito de finalizarlo. Lo mismo tenemos que hacer nosotros con mucho de lo aprendido: complejos, cerrazones, heridas, orgullos..., dejarlos todos antes de empezar la travesía, facturarlos sin remite para que se pierdan definitivamente.

 

Una vez que nos encontramos ligeros de equipaje, solos con nuestra persona, la primera cuestión que surge es la de conocernos, saber quién es ese ser que se ha puesto en marcha y qué busca, cuál es su vocación...

 

“Sólo una vez me han hecho enmudecer. Fue cuando un hombre preguntó: ¿Quién eres tú?” (Khalil Gibrán)

 

A muchos de nosotros también nos ocurre lo mismo y aunque a veces pensemos que con responder: ¡soy yo!, ya está todo aclarado, no es así. El “yo” no es una realidad pacífica que podamos conocer de una forma inmediata y de una vez para siempre. Es más bien algo oculto, escurridizo, sorprendente, indescifrable, misterioso, ignoto.

 

Ya Sócrates consideraba su estudio la labor más importante del ser humano y asume el famoso “conócete a ti mismo” como fuente de toda sabiduría. Desde entonces ha sido una de las obsesiones de la humanidad.

 

Muchos tienen claro la estabilidad y realidad de su “yo” sin necesidad de mayor profundización, pero a nosotros la enfermedad de Alzheimer de papá nos ha hecho cambiar, en parte, su percepción.

 

En pocos días pasamos de convivir con nuestro padre de siempre a hacerlo con un ser nuevo que no sabíamos bien quién era, de dónde había venido, ni cómo había aparecido. Su cuerpo no era el mismo de siempre, adelgazó, se encogió, cambió la expresión de la cara, la forma de andar, dormir... 

 

La consciencia no se quedó a la zaga y así el hombre seguro, valiente, estoico ante las dificultades y nada amigo de complacencias, ahora retrocedía ante las olas del mar, la brisa o un charco producido por una tormenta de verano. Su mente no podía superar la menor dificultad, una colitis o un viaje le tenían varios días sin hablar y sin poder casi andar. Y ¡qué decir de los sentimientos! Vivía en un mundo imaginario totalmente separado de la realidad, casi sin reconocernos, únicamente respondiendo a los impulsos más instintivos de comer, dormir, estar a gusto, recibir cariño...

 

Inevitablemente nos surgió una pregunta: ¿Quién eres, en verdad, papá? ¿Acaso el niño travieso de Villamorisca, tu pueblo natal —del que nos han hablado— o el joven atrevido y aventurero del que tú nos has contado multitud de historias...? ¿Dónde se encuentra el maduro y responsable padre que nos crió y educó?  ¿Dónde el abuelo tierno y cariñoso con sus nietos? Te miramos y no sabemos quién eres. Si lo supiéramos sabríamos también quiénes somos nosotros y quiénes son esos millones de seres humanos anónimos que pueblan el mundo.

 

¿Cuál ha sido el núcleo qué ha dado continuidad a tu vida y que se le escapa a nuestros ojos y mente?  Niño, adolescente, joven, novio, marido, padre, abuelo... y otra vez casi como un niño, y... ¿Quién podría asegurarnos que todos estos “personajes” son un mismo ser? ¿Qué ha permanecido constante en ellos? ¿Cuál de todos ellos eres tú? ¿Cuál de todos somos? ¿Cuál de todos soy?

 

Muchos piensan que este cambio es sólo debido a tu enfermedad, pero ésta lo único que ha hecho es ayudarnos a tomar consciencia de la verdad, ha incrementado la lenta velocidad de los procesos humanos para que podamos captarlos en la crudeza de su realidad. 

 

Nos pasamos la vida identificándonos con el cuerpo, nuestros pensamientos, las relaciones que entablamos, los sentimientos de nuestro corazón... y la verdad es que todo pasa. ¡Lo que habrás sufrido, papá, por tu cuerpo, por mantener determinadas posturas, ideas, por tantas relaciones conflictivas, por silencios, rencores! ¡Cuánto sufrimiento! Pero todo ha pasado y ¿qué queda?

 

Si no somos eso, ¿qué, entonces? 

 

La cuestión no es contestar precipitadamente estas preguntas, sino comenzar un trabajo de interiorización, de búsqueda, quizás la más atrevida y maravillosa aventura que pueda emprender un ser humano.

 

 Te invitamos, antes de continuar la lectura, a que te preguntes seriamente: ¿Quién soy? y tomes consciencia de las respuestas que brotan de tu interior y que son las responsables de muchas de tus actitudes y vivencias.

 

Seguidamente te presentamos, para ayudarte, algunas de las soluciones que diferentes personajes bíblicos han dado, a lo largo de la historia, a este interrogante.

Continuará....

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¿QUIÉN SOY YO?

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