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PEREGRINO AL INTERIOR DEL CORAZÓN 5

En el capítulo anterior, los autores del libro nos invitaban a respondernos desde lo profundo de nuestro ser, tengamos la vocación que tengamos, a la pregunta: "¿Quién soy yo?".

 

Para ayudarnos, nos ofrecen varios ejemplos de los posibles "YO" a partir de diferentes personajes bíblicos.

 

Hoy leeremos sobre el "yo independiente" de Caín y "yo humilde" de Moisés.

¿SOY YO ACASO EL GUARDIÁN DE MI HERMANO...?

CAÍN, EL “YO” DE LA INDEPENDENCIA.

 

En el comienzo, en el paraíso, existía una unidad del hombre consigo mismo, con Dios, los hermanos y la creación, pero el pecado rompió esas relaciones idílicas y el “yo” se creyó independiente.

 

“Yahvé miró propicio a Abel y su ofrenda, pero no miró propicio a Caín y su ofrenda. Caín se irritó y su rostro se abatió [...]”. “Se lanzó contra su hermano Abel y lo mató. Yahvé dijo a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?” Contestó “No sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?”[1].

 

El “yo” de Caín es el de la independencia, que rompe la comunión con el otro, destruye la fraternidad, busca vivir solo, sin el hermano al que elimina del horizonte de su vida.

 

¿Cuál es la causa? La envidia: la tristeza por el bien del prójimo y la alegría por su daño.

 

Esta ruptura de la relación trae consecuencias que quedan expresadas, maravillosamente, en los versículos siguientes del Génesis. Caín está condenado a andar vagabundo y errante, solitario, temeroso de que cualquiera pueda matarle[2].

 

Ello es debido no a un castigo, sino a la realidad de que la conciencia humana es universal y cada hombre es una parte del todo y lo único que puede salvarle del aislamiento y de la angustia de la soledad es mirarse en el contexto de un “todo humano”.

 

Caín sale, también, de la presencia de Yahvé. Esta separación de Dios nos indica que el encuentro con Él no puede darse sin estar en comunión con el hermano.

 

Sería este el triste final de la historia humana, pero se puede adivinar, de las mismas palabras de Caín, un rayo de esperanza. Continúa llamando a Abel “hermano”: “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?”  Podría haber empleado otro término para referirse a él, pero el hecho de que le siga teniendo como hermano apunta a una esperanza de recuperación de esa fraternidad, que es el anhelo de todo ser humano, lo único que puede darnos la felicidad.

[1]Gn 4,4-9

[2]Gn 4,11-14

¿QUIÉN SOY YO PARA IR A FARAÓN Y SACAR DE EGIPTO A LOS ISRAELITAS?

MOISÉS, EL “YO” DE LA HUMILDAD.

 

Cuando Yahveh ve la opresión del pueblo judío en Egipto, se dirige a Moisés y lo elige para que saque al pueblo de allí y lo lleve a la tierra de Canaán.

 

“Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto... y he bajado para librarle... y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa que mana leche y miel. Ahora, pues, ve; yo te envío a Faraón para que saques a mi pueblo, los israelitas de Egipto.  Moisés le contesta a Dios:¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?”[1].

 

Moisés se siente incapaz de una misión de tal envergadura que supera todas sus posibilidades: “Yo no he sido nunca hombre de palabra fácil […], sino que soy torpe de palabra y de lengua [...]”[2]. Es muy consciente de sus limitaciones, no se cree un superhombre a pesar de que Dios le ha designado para una misión tan importante. Ahí radica su humildad.

 

Al sentirse limitado y pobre, Moisés se pregunta ¿quién soy yo...?, pero Dios no le contesta diciéndole quién es, sino presentándose a si mismo: “Yo soy el que está y estará contigo siempre”[3].

 

 Le está invitando a no mirarse a sí mismo, sino al que le ha escogido. “Vete que yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que debes decir”[4].

 

Ahora Moisés se siente con valor para responder a la llamada divina. Ya no se apoya en sus fuerzas, sino en la confianza, en la ayuda y la presencia constante del Señor: “Yo soy Yahvé, yo os libertaré [...], yo os salvaré [...], yo os haré mi pueblo y seré vuestro Dios y sabréis que yo soy Yahvé, vuestro Dios que os saqué de la esclavitud de Egipto [...], Yo os introduciré en la tierra que prometí”[5].

 

[1] Ex 3,7-11

[2] Ex 4,10

[3] Ex 3,12-14

[4]Ex 4,12

[5] Ex 6,8

La semana que viene te esperan más personajes de la Sagrada Escritura con identidades diferentes. ¡No te lo pierdas!

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