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PEREGRINO AL INTERIOR DEL CORAZÓN 8

La última parte de este gran bloque sobre la búsqueda de nuestra identidad del libro "Peregrino al interior del corazón" nos presenta dos hombres: Juan el Bautista y Jesús de Nazaret.

 

Nos pueden ayudar a comprender que, para descubrir nuestra vocación en la vida, necesitamos conocernos a nosotros mismos, saber quiénes somos.

 

Preguntarnos "Quién soy yo?" pero también "Quién dice Dios que soy yo?".


“YO SOY LA VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO”.

JUAN BAUTISTA, EL “YO” DE LA MISIÓN.

 

La vida de Juan el Bautista comienza de manera similar a la de Jesús, son familiares, coetáneos. Zacarías, su padre, recibe el anuncio de su nacimiento de una forma análoga a la anunciación de María, aunque la respuesta de ambos fuera diferente. Los dos, Juan y Jesús, viven para Dios y de jóvenes van al desierto como lugar de encuentro con Yahvé.

 

“Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: “¿Quién eres tú?” Él confesó, y no negó; confesó: “Yo no soy el Cristo”” (Jn 1,19-20).

 

Aquí Juan, para definir su yo, su persona, utiliza el método de la negación, decir lo que no es. Este sistema es muy útil y nos sirve para ir tallando el duro tronco de nuestra identidad. Lo primero es discernir claramente lo que no somos.

 

 “Y le preguntaron: “¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?” Él dijo: “No lo soy”. “¿Eres tú el Profeta?” Respondió: “No” Entonces le dijeron: “¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?”” (Jn 1,21-22).

 

Juan sigue con su método y se siente seguro, hasta que le enfrentan con la temible pregunta: ¿Qué dices de ti mismo? 

 

Escucha su corazón, repasa su infancia y encuentra su identidad en su misión: ser voz que clama, pregonero de lo que ha de venir, anunciador de una nueva era... Su vocación es preparar el camino al Mesías. 

 

 Dijo él: “Yo soy la voz que clama en el desierto: preparad el camino del Señor” (Jn 1,23).

 

En Juan se identifica plenamente su hacer, su misión, con su ser. El anuncio del Mesías no es un mero medio de realización personal, sino que constituye su propia esencia, vida, persona.

 

 

Y VOSOTROS ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?

JESÚS EL “YO” QUE SALVA.

 

““¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Ellos dijeron: “Unos, que Juan el Bautista: otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas”. Díceles él: “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?”” (Mt 16,13-15). 

 

 Jesús, con esta pregunta que dirige a sus discípulos, nos indica que la inquietud sobre su identidad formó parte importante de su vida. ¿Cuándo descubriría él su auténtica naturaleza de Hijo de Dios? En este diálogo, nos muestra el camino de su conocimiento.

 

“Simón Pedro contestó: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Replicando Jesús le dijo: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos...””(Mt 16,16-17).

 

 Pedro, movido por una gran intuición, es capaz de trascender la humanidad de Jesús y descubrir su naturaleza divina; y a través de este conocimiento va a encontrarse con su propio yo.

 

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro...”(Mt, 16,18).

 

 Es Dios el que nos revela quiénes somos, a qué estamos llamados y sólo desde esta revelación podemos crecer y ser felices.

 

Jesús nos está abriendo un nuevo horizonte donde encontrar la respuesta a nuestra identidad. Cuando encontramos que el estudio del yo se ha convertido en un círculo cerrado, es mejor cambiar el punto de vista, la formulación y preguntarse: ¿Quién dice Dios que soy yo?  Y escuchando la respuesta de Dios encontramos nuestra salvación, nuestra naturaleza.

A ti pues, quien quieras que seas, se dirige ahora mi palabra [...] Y buscándose un obrero entre la multitud del pueblo al que lanza esta llamada, el Señor vuelve a decir: “¿Quién es el hombre que desea la vida y desea ver días felices?” Si tú, al oírlo, respondes: “Yo” Dios te dice...  

(Regla de San Benito)


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En este tiempo de Navidad, contemplando al Dios que se hizo hombre por nosotros, puedes preguntarte precisamente: "Quién dice Dios que soy yo?".

¡Arriésgate a escuchar su respuesta!


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