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STOS. ADRIAN Y NATALIA, CUSTODIOS DE NUESTRO MONASTERIO

Hoy, el 9 de septiembre, celebramos en nuestro Monasterio benedictino de Santa María de Carbajal la fiesta de San Adrián y Santa Natalia cuyos restos custodiamos en la iglesia desde el año 1878. Les tenemos mucho cariño y les encomendamos a nuestra Comunidad y también a todas las personas que se acercan a nuestro Monasterio.

 

San Adrián y Santa Natalia son también patronos de la Asociación de los Amigos de nuestro Monasterio. Compartimos con vosotr@s un interesante artículo que publicaron en su revista Pax sobre estos mártires y la peregrinación de sus reliquias hasta nuestro Monasterio.

 

Además, con una amiga del Monasterio os hemos preparado un vídeo. ¡Esperamos que os guste!


San Adrián y Santa Natalia, ¿peregrinos en España...?

San Adrián y Santa Natalia son esposos en los primeros años del cristianismo. Allá por el año 306, Adrián era administrador de justicia para el emperador Maximiliano. Cuando se encargaba de martirizar a unos cristianos en Nicomedia (Turquía) impresionado por su fe, tocado en su corazón, se hace cristiano y se inscribe entre los condenados.

 

Su esposa, que ya era cristiana, apoya su decisión de conversión y les atiende en el martirio y vela sus restos hasta la muerte. Luego estas reliquias son trasladadas a Roma.

 

El peregrinaje de nuestros santos en la península comienza en la Alta Edad Media, en el norte de León, en el condado de Boñar. El Conde Guisvado es enviado a Roma por el rey Alfonso III, el Magno, para defender al papa Juan VIII ante el inminente ataque agareno. El papa, agradecido, dona las reliquias de estos santos.

 

Con parte de ellas funda el rey la iglesia de S. Adriano de Tuñón en Asturias y el matrimonio de Guisvado y Leuvinafundan, cerca de Boñar, el monasterio masculino de S. Adrián de Balneare y su iglesia mozárabe. A la consagración del recinto, el 12 de octubre del 920 acudieron los obispos leoneses Cixila y Fruminio y el de Astorga Fortis.

 

Alfonso III, el Magno (886-911) pasaba grandes temporadas en León, que llegó a ser la capital in facto, por motivo de las luchas contra los moros o por el establecimiento y consolidación de las tierras de frontera.

 

Tenemos que agradecer a este rey el engrandecimiento artístico y cultural del reino, debido al establecimiento de los monasterios, centros de poder político, económico, cultural y artístico, con los que poblaba y enriquecía los nuevos territorios.

 

Acogió a los monjes mozárabes, que aportan del sur, junto a la tradición visigótica, la innovación de la cultura y crean joyas arquitectónicas como S. Miguel de Escalada y otras menores, como las de S. Adrián, que acogen las reliquias de nuestros santos peregrinos.

 

Recordemos que sus tres hijos se reparten el reino y han de ser seguidamente reyes de León.

 

García es el primer rey de León, que reinó tres años y en ese pequeño periodo fundó varios monasterios entre ellos el de S. Pedro de Eslonza, con parte de las reliquias de nuestros santos.

 

Luego reina Ordoño II, al que tenemos un cariño especial, por haber donado su palacio para edificar la primera catedral, románica, en el solar donde hoy se alza la Pulcra Leonina.

 

Por último reina el tercer hermano, Fruela, que había heredado Asturias, unificando de nuevo el territorio que dominara su padre. En el 924 el rey Fruela aumenta el recinto de S. Adrián de Boñar con un monasterio femenino.

 

En la Edad Media, la devoción a S. Adrián se extendió por la Hispania Visigoda para convertirse en uno de los santos de culto más antiguo de la Península. En el solar frente al Palacios de los Guzmanes, que luego fue propiedad de los duques de Uceda, Béjar y Rioseco, existió también un monasterio bajo la advocación de S. Adrián y Sta. Natalia.

 

En el 1099 la infanta Urraca, hija del rey Alfonso VI, donó los cenobios de Boñar, quedando reducidos a priorato, con sus posesiones y fuentes termales, al Monasterio de S. Pedro de Eslonza.

 

Este monasterio benedictino llegó a ser el segundo del reino, después del de Sahagún y difundió la devoción de los santos más allá del entorno al río Esla.

 

En 1835 corren malos tiempos para los monasterios, después del decreto de Desamortización, se vende el monasterio y sus pertenencias se pierden o desparraman. Los monjes se hicieron sacerdotes y fueron de párrocos a las aldeas, donde consiguen llevar algunas imágenes de los santos, como las que se conservan en Sta. Olaja de Eslonza y parte de los retablos o alguno de ellos completo, como el de Villamañán.

 

Las portadas monumentales se traen a la capital, bajo el auspicio del obispo Almarcha, a mediados del siglo XX y se integran en el edificio de la iglesia de S. Juan y S. Pedro de Renueva. En la fachada quedan las hornacinas vacías de S. Adrián y Sta Natalia, huecos que siguen evocando a los santos cuando nos acercamos al templo.

 

Los restos de los santos, protegidos por la custodia de fray Antonio González (después párroco de Santa Olaja de Eslonza), son encomendados por el obispo al monasterio de Sta María de Carbajal en 1878 y allí reposan y se les rinde culto.

 

Por el momento están quietos en su urna de plata. Ahora son otros peregrinos y gentes del lugar los que se mueven a visitarlos y a demandar su intercesión ante las dificultades de la vida.

 

(Luisa González y Rosa Fadón, publicado en la Revista PAX, en agosto 2010)



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