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LA VIDA CONSAGRADA Y LOS LAICOS

Esta semana, que empezó con la fiesta de la Presentación del Señor y la Jornada de la Vida Consagrada, dedicamos los posts en el blog a esta realidad de la Iglesia.

 

Después de los testimonios de las monjas de nuestra Comunidad y de una chica que se está planteando la Vida Consagrada, creo que no puede faltar una visión por parte de los laicos.

 

Es una alegría muy grande ver que las personas que viven en el mundo, se unen a los monasterios. Existen muchas fraternidades, asociaciones de amigos u oblatos que quieren compartir el carisma de las órdenes religiosas, y vivirlo de alguna forma en su contexto vital.

 

Nos enriquecemos mutuamente: los laicos con los valores de un carisma, para poder desarrollar mejor su vida cristiana, y nosotros, los monjes y monjas, al verlos cómo viven estos valores en su día a día que no está protegido por los muros del monasterio. 

 

Estamos intentando cada vez más caminar juntos, compartir nuestra búsqueda de Dios y nuestras vidas, y formar así una familia más amplia.

JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA 2020

            La Vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente.

           

            Al leer los materiales que la CEE ha preparado para la Jornada de la vida consagrada de este año me he detenido en esta afirmación: Las personas que viven una especial consagración a Dios están llamadas a ser, como María, maestras y testigos de la esperanza. Y me he hecho una pregunta:

 

            ¿Por qué la experiencia de ENCUENTRO, AMISTAD, VIDA DE FE COMPARTIDA con la comunidad de monjas benedictinas Santa María de Carbajal de León, fortalece, renueva y hace crecer mi esperanza?

          

  Y me he respondido así:

 

            Porque su casa es nuestra casa. Porque la hospitalidad es algo innato en ellas. Porque nos sentimos queridos, acogidos en cualquier momento y circunstancia.

 

            Porque se alegran con nuestras alegrías y lloran con nuestras tribulaciones.

 

            Porque elevan cada día al Padre su oración humilde, constante por todos. Porque el latido del mundo es su propio latido.

 

            Porque están preocupadas, abiertas a la realidad y tienen encuentros con asociaciones caritativas de la ciudad, con jóvenes, con personas comprometidas con la iglesia, con los peregrinos y hospitaleros…

 

            Porque las ancianas y enfermas de su comunidad son cuidadas con dedicación y mimo, y así nos muestran cómo es el amor en una familia.

 

            Porque  la liturgia es el centro de su vida y los seglares podemos participar. Y todo es bello y armónico: la música, el canto, las flores… El cielo presente en la sencillez de una comunidad que alaba a Dios.

 

            Porque ofrecen lo que son, lo que tienen y lo que saben. Y  acudimos a recibir formación litúrgica y compartimos momentos de lectura de la Palabra de Dios con toda la comunidad, enriqueciéndonos humana y espiritualmente.

 

            Porque son humildes. Y no esconden sus caídas, limitaciones y sobresaltos. Pero siempre con fe, con alegría, con esa esperanza que afirma que es Dios quien sostiene nuestro mundo.

 

            Porque se les nota en la cara y en todo su cuerpo que el Señor es su único Dios.

 

            Y porque siempre nos sorprenden con iniciativas que nos alegran y nos hacen sentir en familia, en camino. Un cine fórum, un curso de iconos, un día de convivencia, un concierto navideño…

 

            Cuando cada día entras en la iglesia del Monasterio, tu mirada se eleva la que preside el retablo, la Virgen de la Asunción. Y Ella como que te sonríe y te acoge: “pasa, hijo, te dice, esta es tu casa”.

 

            Gracias, Madre de la Esperanza, por esta comunidad que te bendice y quiere. Ruega por ellas y por todos los amigos de esta realidad de la vida consagrada en León. Dile al Dueño de la mies que no deje de enviar jóvenes que se entusiasmen y continúen embelleciendo tu iglesia.

 

 

                                    María Luisa Argüelles

                                   Antigua alumna y amiga del Monasterio.

                        


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