¡VENID CONMIGO!

Jesús va cambiando con mucha frecuencia de domicilio: Belén, Egipto, Nazaret y ahora Cafarnaúm. Todo esto nos dice que no es un hombre cosificado, instalado en la comodidad, en lo de siempre; en lo físico, material, ni en lo espiritual. Va caminando, creando responsablemente su vida, cuestionándose constantemente su misión, su «para qué vivo», «quién soy».

Jesús irrumpe en la vida de un pueblo de Galilea con un mensaje de esperanza: El reino de los cielos está cerca y ve que necesita amigos con él para que este anuncio llegue a todos. ¿Cómo elegirlos?

Conoce algunos, pero hay pocas probabilidades de que acepten la propuesta: tienen buenos contratos de trabajo fijos, los lazos familiares bien consolidados; algunos, incluso, están casados. Lo más probable es que le digan que «no». Así y todo, se arriesga; va donde están trabajando.

Dios llama cuando estamos trabajando, no cuando estamos ociosos y descansando: Samuel busca asnos, David cuida oveja, los pastores guardan los rebaños, Mateo recauda impuestos…

En estos lugares de trabajo les dice: Venid conmigo. Hay momento de silencio dramático en el que espera una respuesta. Ellos se entusiasman con el proyecto e inmediatamente se van con Jesús.

Toda nuestra vida es lo mismo o debería serlo: un constante movimiento con ciclos vitales que debemos cerrar y otros que debemos abrir. Y caminando juntos con horizontes nuevos y compartidos.

(E.A.)

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